Nunca el hombre había tenido tanto acceso al conocimiento… ni había pensado tan poco.
La paradoja define bien nuestra época.
Llevamos en el bolsillo bibliotecas enteras, pero dedicamos horas a consumir fragmentos de pocos segundos, diseñados no para elevar el alma, sino para capturarla. No para enseñar, sino para retener. Los llaman vídeos cortos. Pero su efecto es profundo.






