— No lo haces porque seas una mala madre, sino porque nadie te enseñó otra forma.
— ¿Entonces estoy repitiendo lo que viví?
— Exacto. Te enseñaron a reaccionar con gritos, no a calmarte. Y lo que aprendiste en el caos, lo repites sin darte cuenta.
— ¿Y cómo se rompe eso?
— Con conciencia, paciencia y compasión. No solo hacia tu hijo, sino hacia ti misma.
— ¿Y si ya le grité muchas veces?
— Entonces también puedes pedir perdón muchas veces. Puedes respirar antes de reaccionar, puedes aprender a regularte.
— ¿Y eso es suficiente?
— Es un gran comienzo. Porque cada vez que eliges no gritar, aunque te cueste, estás enseñando algo que a ti no te enseñaron: cómo se ama sin herir.
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