En medio de un mundo que promueve la superstición y la brujería, volvamos a usar los sacramentales para aprovechar las bendiciones que da Dios a su Iglesia.
Es extraño que en esta época en la que la tecnología está tan avanzada, en la que se presume de creer únicamente en lo que la ciencia puede demostrar y en la que tanta gente se dice «liberada» de la religión, exista un significativo aumento en la cantidad de personas que caen en la superstición y la brujería. Pero, o rechazan o desconocen el uso y el poder de los sacramentales.
No hay ninguna semejanza entre ellos
Para comenzar, hay que decir que entre los sacramentales y los objetos supersticiosos no existe ninguna similitud. Sobre todo porque su uso es distinto y su origen es completamente diverso.
El Catecismo de la Iglesia católica es claro al respecto de estas prácticas:
La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. (CEC 2111).
Es decir, atribuir poderes a un objeto es caer en superstición, incluso si se trata de objetos que se refieren a Dios sin tomar en cuenta las disposiciones interiores . Y peor aún es cuando se trata de amuletos y cosas «trabajadas» con brujería. También el Catecismo alerta contra esas prácticas:
Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible.
Qué son los sacramentales
Ahora bien, los sacramentales se distinguen porque son «signos sagrados instituidos por la Iglesia cuyo fin es preparar a los hombres para recibir el fruto de los sacramentos y santificar las diversas circunstancias de la vida» (CEC 1677).
Hay diversas formas de sacramentales. El Catecismo menciona, en primer lugar, las bendiciones (CEC 1678).
Pero también están otras expresiones de la religiosidad popular como «la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc». Aquí también se incluyen el agua, el aceite y la sal.
Volver a usarlos
Hay que recordar que los sacramentales contienen la bendición de Dios. Por eso es muy conveniente que recuperemos su uso. Podemos portar una medalla, un escapulario, traer con nosotros un rosario o una reliquia que nos ayudarán a tener presentes a Dios, a la Santísima Virgen y a sus santos. Además, es una manera de distinguirnos como católicos.
Pero también es necesario que pongamos en práctica lo que nos piden la Virgen y los santos para alcanzar las gracias prometidas a quienes los usen y den testimonio de vida cristiana.
No se trata solamente de portarlos para que nada nos ocurra, sin compromiso de nuestra parte, porque de esta manera sería caer en la superstición – como algunas personas que suele colocar el rosario en el retrovisor del automóvil, pero no saben rezarlo – .
Lo importante es configurar nuestra vida de manera coherente con lo que creemos y apoyarnos en el uso de objetos benditos para vencer cada vez más nuestros defectos, pecados y debilidades. De esta manera estaremos usando correctamente los sacramentales y aprovechando sus bendiciones sobre nosotros.






