No todo lo que parece pequeño… es inofensivo.
La fe no se pierde de golpe.
Se debilita en lo cotidiano.
Pequeñas concesiones.
Distracciones constantes.
Contenido que enfría el alma.
Y poco a poco… Dios deja de ser el centro.
No es el gran pecado lo que primero te aleja…
es la costumbre de vivir sin Él.
Lo que consumes, lo que escuchas, lo que normalizas… forma tu corazón.
Por eso la Iglesia insiste: cuida tu interior.
No todo te conviene, aunque el mundo lo apruebe.
Hoy revisa tu vida con sinceridad.
Y vuelve a elegir lo que te acerca a Dios.
Porque la fe no se improvisa…
se protege






