Transmitir la fe a los hijos es uno de los grandes retos de las familias cristianas. Estas seis claves ayudan a cultivarla desde pequeños y fortalecerla. El lugar principal donde se transmite la fe es en el seno de la familia.
La Santa Sede acaba de publicar «Venite ad me», un documento de Doctrina de la Fe sobre transmisión de la fe en el cambio de época. La Iglesia es consciente de la dificultad de pasar la fe a las siguientes generaciones en una sociedad occidental que ha dejado de ser cristiana y donde los cristianos son ahora una minoría que padece el pensamiento dominante, en gran medida, anticristiano.
Para ayudar en la transmisión de la fe a las familias cristianas, la revista Misión, revista destinada a familias católicas y de suscripción gratuita, publica un texto con aportaciones de distintos expertos. Se trata de seis claves breves a tener en cuenta por las familias a la hora de educar a sus hijos:
1. Tener una fe familiar.
“La clave pasa porque la familia viva intensamente la fe, porque sus miembros, empezando por los padres, sean cada día más creyentes”, señala el padre Juan de Dios Larrú, DCJM. Y como la fe crece por la caridad, como dice san Pablo, “lo que hace crecer la fe son las personas que nos aman cada día más, porque son testigos del Amor”.
2. Prácticas cristianas.
Para vivir cristianamente no basta con interiorizar la fe, también hay que “celebrarla”, indica el padre Larrú, pues esto es algo que los hijos ven y terminan incorporando a su propia vida. Para ello, no hay nada mejor que introducir “prácticas orantes” como rezar el Rosario en familia, vivir las tradiciones cristianas en todos los tiempos litúrgicos o realizar alguna liturgia doméstica, como el rezo familiar de Laudes. También santificar el domingo poniendo a Dios en el centro del día y abordar los problemas cotidianos desde una perspectiva cristiana, conversando juntos alrededor de la mesa.
3. Dios en cada momento.
Además de estas prácticas cristianas, hay que llenar de Dios todas las rutinas. Existe una forma cristiana de vestir, conducir, escuchar música, ir de vacaciones o comportarse en el trabajo. “Si la fe no abarca toda la vida, no es madura todavía. En cambio, cuando alguien se encuentra con un cristiano que vive cristianamente toda su vida, eso se refleja”, añade Larrú.
4. Un buen entorno.
Tote Barrera y Cristy Salcedo, matrimonio experto en evangelización y fundadores de la Asociación Nunc Coepi, consideran fundamental crear “el ambiente adecuado” en el que los hijos puedan forjar buenas amistades. De este modo, también podrán “acercarse a una parroquia o un movimiento donde puedan tener no sólo una experiencia personal de Dios, sino también una experiencia grupal que sea para ellos un lugar al que, como a la familia, siempre puedan volver”.
5. Proteger la libertad.
Según van creciendo los hijos, deben pasar de la fe de sus padres a una experiencia personal de Dios. Para ello, Barrera señala que los padres deben “creer en su libertad” para que ellos puedan ir madurando en su fe. Al mismo tiempo “no deben permitir que en casa sean otras voces las que los eduquen”, porque el mejor garante de la libertad de los hijos son unos padres que sean “guardianes” de lo que entra en casa: lecturas, redes sociales, dispositivos móviles, series de televisión y películas.
6. Atención a la autocomplacencia.
Muchos padres –sostienen Barrera y Salcedo– pueden caer en el “autoengaño” de pensar: “Mi hijo eso nunca lo haría” o “eso no le afectaría”. Pero todos tenemos debilidades, también nuestros hijos. “La voz que tiene que hablar en casa, y es nuestro deber como padres que esto suceda, es la voz del Señor y, para ello hay que ser conscientes de lo que nos rodea y lo que nos hostiga y luchar con las armas de la fe”.






