Las microperdidas llegan a nuestra vida sin pedirlas y no necesariamente cuando alguien muere. ¿Cómo hacerles frente? Esto recomienda la Tanatología
Adiferencia de las «grandes pérdidas del alma» (como el fallecimiento de un ser querido), las micro pérdidas son aquellas que merman gradualmente nuestra capacidad de responderle a la vida. Aquellas que aparecen cuando perdemos algo o a alguien y que alteran nuestro ritmo de vida.
Estas micro pérdidas son pequeños duelos acumulativos que a menudo pasamos por alto porque asumimos que «no es para tanto», pero que igual generan dolor y requieren ser procesados.
¿Qué perdiste cuando perdiste?
La tanatologa Gaby Pérez, explica que estas pequeñas pérdidas no son tangibles ni evidentes para todos, pero para quien las vive complican el proceso de duelo. Comartio que estas micro pérdidas se pueden categorizar de la siguiente manera:
Pérdidas materiales y de patrimonio: Perder un objeto con valor sentimental o sufrir un revés económico.
La salud y la juventud: El desgaste natural del cuerpo, perder la condición física que tenías antes o adaptarte a una nueva etapa biológica.
Cambios de entorno: Dejar el país, mudarse de casa o cambiar de trabajo (lo que implica perder la rutina y la cotidianidad anterior).
Relaciones que se desvanecen: Esos amigos que se van quedando en el camino o personas que asumías leales y que, por circunstancias de la vida, ya no están cerca. Ya sea en una relación sentimental y que se acab por un divorcio o una separación.
Pérdidas secundarias: Aquellas comodidades o roles que derivan de una pérdida mayor (por ejemplo, perder la rutina que tenías cuando cuidabas a alguien o la estabilidad que te daba un empleo anterior).
¿Por qué nos duele tanto?
Gaby explica que todas estas pequeñas pérdidas acumuladas duelen mucho porque formaban parte de nuestra rutina diaria. Incluso menciona que duelen más en el día a día que en una festividad importante.
«La ausencia duele en esos días que son ordinarios. Duele más un sábado o un domingo que la Navidad o el Año Nuevo que pensamos será terrible. A pesar de tener 24 horas como cualquier otro día».
¿Qué podemos hacer para aprender a vivir con esas ausencias?
La especialista en tanatología compartió algunas maneras en las que podemos aprender a vivir haciéndole frente a esas pequeñas ausencias cotidianas, pero que calan.
1 – Validar el dolor sin juzgarse
La especialista recomienda hacer una lista preferentemente a mano de todo lo que se perdió al no tener a esa persona o situación en nuestra vida cotidiana. “Si te duele, es una pérdida legítima y hay que darle su espacio”. Por lo tanto no debemos minimizar nuestro dolor ante cualquier tipo de pérdida.
2 – Evitar el «ropero con cajones mal cerrados»
Utiliza esta metáfora para no acumular duelos pendientes. Si no cierras bien cada cajoncito (cada pequeña frustración o tristeza), eventualmente el peso hará que te vayas de boca. Ya que las emociones pesan e impactan ya sea de manera positiva o negativa en nuestra rutina.
3 – La renuncia consciente
En lugar de quedarse enojado con lo que la vida quitó, el mérito está en la capacidad de aceptar y soltar. Cambiar la queja de «¿Por qué a mí?» por una postura activa ante la nueva realidad.
4 – Abrir las manos para recibir
Gaby explica que con los puños cerrados (por el enojo o el aferramiento) es imposible recibir lo nuevo que la vida tiene para darte. Hay que pasar por la ola del duelo para poder volver a estabilizarse.
5 – El ejercicio del «Duelario»
Una recomendación práctica de su metodología es ponerle nombre a la pérdida. Escribir en un cuaderno qué se perdió exactamente y qué emociones genera ayuda a procesarlo en lugar de evadirlo.
En ganar hay muy poco aprendizaje; el verdadero crecimiento humano ocurre cuando aprendemos a perder. Abrazar las micro pérdidas nos entrena en resiliencia para cuando nos toque enfrentar las tormentas más grandes de la vida.
Fuente: ALETEIA






