Defender el dogma de la asunción

Escrito por Jorge Sotomayor

08/05/2026

Sección: Lo que creemos

Incluso las almas más luminosas y consagradas al Señor pueden experimentar momentos de duda en su caminar interior.

En la víspera de la festividad de la Asunción, San Antonio de Padua libraba una dura batalla espiritual, buscando luz para comprender si la Santísima Virgen María había sido llevada al Cielo en cuerpo y alma.

En medio de su ardiente oración por encontrar claridad, la Madre de Dios se le manifestó en una deslumbrante y consoladora visión celestial.

Nuestra Señora le confirmó que efectivamente había sido asunta a los Cielos en cuerpo y alma, y le encomendó la misión de defender y proclamar esta profunda verdad con valentía ante el pueblo de Dios.

Con un celo incansable, el «Santo de todo el mundo» dedicó sus predicaciones y escritos a anunciar este misterio mariano con una riqueza bíblica excepcional. Siglos más tarde, al proclamar solemnemente el Dogma de la Asunción en 1950 a través de la constitución Munificentissimus Deus, el Papa Pío XII destacó la extraordinaria contribución de San Antonio a esta doctrina de nuestra fe.

La gloria de la Virgen María nos recuerda que su Asunción es un faro inagotable de esperanza para cada uno de nosotros: allí donde ella ha llegado rodeada de esplendor, esperamos llegar un día por la gracia y misericordia de su Hijo Jesús.

Pidamos la intercesión de Nuestra Señora para que fortalezca nuestra fe ante las dudas y nos guíe siempre en nuestro camino hacia el Cielo. ¡Reina Asunta a los Cielos, ruega por nosotros!

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