EL GESTO DE BESAR EL ALTAR

Escrito por Jorge Sotomayor

12/09/2025

Sección: Lo que creemos

El gesto de besar el altar es uno de los signos más antiguos, sagrados y llenos de significado en la liturgia de la Iglesia. No es un “detalle bonito”; es un acto profundamente bíblico, teológico y espiritual.

En la Biblia, el altar representa tres realidades fundamentales:

a) Lugar del sacrificio santo

En el Antiguo Testamento, el altar era donde se ofrecían sacrificios a Dios (Éx 20,24; Lev 1–7).

b) Lugar de la presencia de Dios

Dios se hacía presente donde había un altar auténtico (Gn 12,7-8; 35,1).

c) Lugar de consagración

Todo lo que tocaba el altar quedaba santificado (Éx 29,37).

Cuando el sacerdote besa el altar, reconoce:

“Aquí está el lugar donde Dios se hace presente y donde Cristo se ofrece al Padre por nosotros.”

EL ALTAR ES CRISTO MISMO

La Iglesia enseña que Cristo es el verdadero altar, la víctima y el sacerdote.

San Ambrosio decía: “Cristo es la piedra; Cristo es el altar.”

El Catecismo de la Iglesia Católica lo confirma:
Cristo es el sacrificio perfecto y el altar perfecto (CIC 1182).

Por eso el sacerdote besa el altar como quien besa a Cristo, como quien saluda al Señor al comenzar la celebración.

Es un beso de amor, adoración y respeto.

TRADICIÓN

Desde el siglo II ya se documenta el beso al altar.
Para los primeros cristianos, besar algo santo era un signo de: amor, reverencia, reconocimiento de la presencia de Dios.

El altar se convirtió en el “corazón del templo”.
Por eso el beso es un gesto lleno de afecto, no solo ritual.

Cuando el sacerdote besa el altar, está diciendo sin palabras:

“Señor Jesús, aquí estoy. Me uno a tu sacrificio. Te saludo con amor. Toma esta Eucaristía. Toma a tu pueblo. Haznos santos.”

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