Manuel contempló el milagro de la carreta de 1630, y durante 50 años cuidó la imagen que hoy es patrona de Argentina y a sus peregrinos y enfermos. El artista Ramiro Ghigliazza presentaba en 2022 esta recreación del Negro Manuel en Argentina, en el festival Soy de la Virgen Nomás
Geraldine Mackintosh es la postuladora de la fase romana de la causa para beatificar al Negro Manuel, que vivió en la actual Argentina en el siglo XVII. Su historia es inseparable de la Virgen de Luján, patrona de este país. El arzobispado de Mercedes-Luján (Argentina) es quien impulsa la causa.
«El principal desafío histórico fue probar la historicidad de Manuel. Es decir, demostrar que no fue un personaje producto de una leyenda sino alguien que realmente existió», ha explicado la postuladora a la agencia AICA.
En los años 70, unos investigadores vinculados a Juan Antonio Presas (1912-2005), sacerdote e historiador especializado en devociones marianas, localizaron en el Archivo General de la Nación un documento notarial fechado en 1674: era el contrato de venta de Manuel. Él moriría doce años después. Ese hallazgo permitió confirmar históricamente su existencia y aportó datos relevantes sobre su condición de vida.
Según ese documento, Manuel nunca obtuvo la libertad jurídica… pero pasó a pertenecer legalmente a la Virgen de Luján. «Ese documento prueba su historicidad y nos revela que el Negrito Manuel nunca alcanzó su manumisión; pasó de manos de sus antiguos dueños a pertenecer a la Virgen de Luján», señaló la postuladora. Ahí habría surgido la expresión tradicional que se le atribuye: «Soy de la Virgen, nomás».
Esta causa de beatificación depende de la calidad de los documentos históricos. Uno muy valioso es de 1737, cuando el fraile mercedario Pedro Nolasco de Santa María visitó Luján y escribió una Relación. Otro documento importante es, aproximadamente, de 1760, llamado Historia verídica del origen, fundación y progresos del santuario de Nuestra Señora de Luján, escrita por el franciscano Antonio Oliver y publicada posteriormente por el presbítero Felipe José Maqueda.
Ambas crónicas son más de cien años posteriores a los hechos milagrosos, pero describen a Manuel al servicio de la Virgen y de los peregrinos. Una de ellas lo compara con Juan Diego, el indígena asociado a las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe.
La documentación utilizada para la causa fue localizada en instituciones como el Archivo General de la Nación, el Archivo General de Indias de Sevilla, el Archivo Histórico de la Basílica de Luján, el Archivo Histórico del Arzobispado de Mercedes-Luján y otros repositorios eclesiásticos.
El Dicasterio para las Causas de los Santos en estos casos antiguos, sin testigos vivos o cercanos, exige gran calidad, suficiencia e integridad de las fuentes documentales históricas.
El milagro de las carretas
En 1630 o 1631, dos pequeñas esculturas de la Purísima Concepción viajaban desde Brasil hacia Santiago del Estero. Al llegar a la estancia de Rosendo, cerca del río Luján, una carreta se detuvo misteriosamente: los bueyes no podían moverla. Cuando retiraron una de las imágenes, la carreta avanzó.
Los presentes interpretaron que esa imagen de la Virgen quería quedarse allí. Manuel, esclavo nacido en África, recién llegado al Río de la Plata, que presenció el milagro, y fue el encargado de cuidar la imagen y divulgar la historia, de la que sería la Virgen de Luján.
En una biografía reciente de Juan Guillermo Durán, se detalla que había llegado al Río de la Plata como parte de un lote de esclavos africanos, proveniente de Pernambuco (Brasil) para ser vendidos en Buenos Aires. Era originario de Costa de los Ríos, zona que cubría a Guinea, Gambia y Senegal. Al recibir el bautismo, con el nombre cristiano de Manuel, se le agregó el lugar de nacimiento o procedencia, como era costumbre en la época.
El administrador del lugar, Bernabé González Filiano, encomendó a Manuel cuidar la imagen y la pequeña capilla que la albergaría. Durante 40 años Manuel limpió, mantuvo encendida su lámpara, recibió peregrinos, contó el milagro y acompañó a los enfermos y pobres que llegaban al lugar.
Cuando la devota Ana de Matos compró la imagen en 1671 para llevarla a su hacienda, ocurrió algo sorprendente: la Virgen desaparecía y reaparecía en el sitio donde estaba Manuel. Esto se interpretó como señal de que la Virgen quería permanecer con él. Finalmente, Ana de Matos compró también a Manuel (por 250 pesos) para que siguiera siendo su custodio. Manuel murió en 1686, después de medio siglo de servicio a la Virgen y los peregrinos.
Roma examina al Negro Manuel
«La causa del Negro Manuel está transitando la fase romana del proceso. Después de un largo trabajo a nivel diocesano, monseñor Jorge Scheinig llevó personalmente en 2014 las actas procesales al Dicasterio para las Causas de los Santos», recordó la postuladora. El organismo vaticano concedió la validez jurídica de la investigación diocesana.

Clausura en 2024 de la fase diocesana de la Causa del Siervo de Dios Manuel Costa de los Ríos, el Negro Manuel
En la actualidad, la tarea principal consiste en la elaboración de la positio, considerada la síntesis científica y crítica de toda la investigación realizada sobre el candidato a los altares.
La documentación será evaluada por consultores históricos, consultores teólogos y finalmente por cardenales y obispos miembros del Dicasterio para las Causas de los Santos. Si todos ellos alcanzan certeza moral sobre la heroicidad de las virtudes de Manuel y emiten un juicio favorable, la causa será presentada al Santo Padre, quien podrá autorizar la promulgación del decreto correspondiente y otorgarle el título de Venerable.
Mackintosh sostuvo que puede considerárselo «el primer y principal propagador del culto» a la Virgen de Luján, por su atención a los enfermos y peregrinos. La tradición sostiene que sus restos fueron sepultados bajo el altar mayor de la antigua capilla levantada en honor de la Virgen, a pocos metros del lugar donde hoy se alza la basílica de Luján.
Sacerdotes de la basílica de Luján y de distintas diócesis promueven el conocimiento de su figura y mantienen una práctica vinculada a la tradición de Manuel: la entrega a los peregrinos de un algodón embebido en el aceite de la lámpara que arde junto a la imagen de la Virgen. «Esa difusión de la figura del Siervo de Dios y el crecimiento de la devoción son muy importantes para esta etapa del proceso», afirmó.
Fuente: RELIGIÓN EN LIBERTAD






