Incendios, terremotos e ideologías: 6 claves para que una democracia sirva al bien común

Escrito por Jorge Sotomayor

07/31/2026

Julio Borges plantea una hoja de ruta para que España y Venezuela corrijan sus vicios políticos y aprendan a «mirarse mutuamente»  Julio Borges Junyent durante su intervención en un congreso del CEU

 

Ha transcurrido más de un mes desde que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 convirtieron Venezuela en un país devastado, con más de 5.500 muertos, más de 16.000 heridos y de 18.000 personas sin vivienda. La catástrofe se sucede en un periodo de fuerte inestabilidad, medio año después de que Nicolás Maduro fuese capturado por Estados Unidos, donde se encuentra detenido a la espera del juicio que comenzará el 1 de junio de 2027. Con Delcy Rodríguez como presidenta interina, muchos consideran que la transición prometida es, a día de hoy, un espejismo. Mientras, España continúa asistiendo a un fuego que la consume de norte a sur, con más de 170.000 hectáreas calcinadas hasta el 27 de julio y al menos 14 fallecidos. En ambos casos, buena parte de la opinión pública cuestiona un contexto de insolvencia que trasciende a las catástrofes.

Julio Borges Junyent, expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y doctor en Filosofía, se encuentra actualmente exiliado en España, donde desarrolla una amplia labor de divulgación e investigación en torno a la relación de las democracias con fundamentos morales sólidos. Muestra de ello son La posmodernidad en jaque (LibrosLibres) y La crisis espiritual de la democracia (Sekotia) o la más reciente dirección del curso de verano del CEU en torno al Cristianismo y política que buscó responder, entre otras, a si pueden sobrevivir las democracias al deterioro moral y la ideologización del poder.

En conversación con Religión en Libertad, aclara que, aunque España y Venezuela no son realidades equivalentes, pueden mirarse mutuamente. Especialmente a la hora de establecer algunas pautas comunes para enfrentar algunos de los vicios asumidos en la agenda política.

El ejemplo de Venezuela en la actualidad muestra, según él, “hasta dónde puede llegar la degradación cuando la antipolítica abre la puerta al mesianismo, cuando un líder se identifica con el pueblo, cuando las instituciones pierden autonomía y cuando el derecho comienza a servir al poder en lugar de limitarlo”.

Por su parte, advierte que, aunque España dispone de capacidades institucionales para corregir sus problemas, “no debería pensar que una democracia está protegida para siempre”. “Ninguna lo está”, agrega.

Preguntado por una agenda común que permita enfrentar los vicios de la política, Borges resume su propia “hoja de ruta ideal” en seis hábitos universalmente aplicables y que comparten un mismo hilo conductor: la regeneración política es posible, pero solo si esta se entiende como una obra compartida dedicada al bien común:

1º Verdad

«Una sociedad no puede reconciliarse ni reformarse si sus dirigentes convierten permanentemente la realidad en propaganda».

2º Limitar

«Limitar al Ejecutivo, garantizar jueces independientes, preservar la separación de poderes y recordar que ganar elecciones no significa adquirir propiedad sobre el Estado».

3º Representar

«Necesitamos partidos con doctrina, vida interna, formación y conexión social; no simples maquinarias electorales organizadas alrededor de una persona».

4º Educar

«No habrá instituciones mejores de manera duradera si no formamos mejores ciudadanos. La democracia necesita pensamiento crítico, memoria histórica, sentido de responsabilidad y jóvenes dispuestos a comprender que la política no es únicamente la actividad de quienes ocupan cargos. Todos somos parte de la comunidad política».

5º Reconciliar

«Reconciliar no significa olvidar ni declarar que todo da igual. Significa buscar la verdad sin usar la memoria como un arma para destruir al adversario. Significa recuperar la amistad cívica y aceptar que quien piensa distinto no deja por eso de pertenecer a la nación. España conoce el valor histórico de la concordia; Venezuela necesitará reconstruirla después de tantos años de fractura».

6º Humildad

«Los países se pierden cuando piensan que están vacunados contra sus propios errores. Y se recuperan cuando una generación deja de preguntar quién vendrá a salvarla y comienza a preguntarse qué está dispuesta a reconstruir. Esa es también la conclusión de nuestro curso y de los dos tomos de La crisis espiritual de la democracia: la democracia no es una máquina que funciona sola; es una obra moral compartida y cada generación debe volver a sostenerla».

 

 


Fuente: RELIGIÓN EN LIBERTAD

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