Las 20 excusas del tibio que se aproxima al infierno

Escrito por Jorge Sotomayor

09/21/2026

Sección: Lo que creemos

 

El demonio no siempre necesita empujarte al pecado. A veces le basta con sentarse sobre tu hombro y susurrarte al oído:

«Tampoco hay que ponerse trágicos, si Dios comprende todo».

La tibieza no siempre comienza con un gran pecado. Muchas veces comienza con estos pequeños susurros:

1.- «Dios conoce mi corazón.»
Efectivamente. Por eso mismo sabe perfectamente que eres un cobarde disfrazado de incomprendido y que usas Su Omnisciencia como alfombra para esconder la basura.

2.- «Yo creo en Dios, aunque no vaya a Misa.»
Los demonios también creen que Dios existe, tiemblan y tampoco van a Misa. Felicidades por equipararte en doctrina con el Infierno.

3.- «Mientras sea buena persona…»
El Cielo no es un club de campo para «gente simpática». El paganismo está lleno de vecinos amables que van directos a la condenación. Cristo no derramó hasta la última gota de Su Sangre para que fueras «un buen tipo», sino para que fueras Santo.

4.- «Todos pecan.»
Magistral consuelo de tontos. Que la mayoría decida tirarse por un acantilado no convierte la caída libre en una virtud ni el impacto contra las rocas en una bendición.

5.- «Dios es misericordioso.»
Infinitamente misericordioso, sí. Pero la Misericordia no es complicidad con tu pereza ni un pase libre para pecar con agenda. Dios perdona al que se arrepiente con dolor, no al que usa el Confesionario como lavadero de autos programado.

6.- «No quiero ser un fanático.»
Llamas «fanático» a cualquiera que no esté tan dormido como tú. Cuando la tibieza es la norma, la fidelidad al Evangelio le parece locura al imbécil.

7.- «Yo tengo mi propia manera de creer.»
O sea, te has fabricado un ídolo a la carta. Un «Dios» hecho a tu imagen y semejanza que aprueba tus caprichos y jamás te corrige. Eso no es fe, es autofelicitación espiritual.

8.- «No hago daño a nadie.»
Tampoco le haces daño a nadie cuando dejas pudrir una herida en tu propia pierna, pero te termina matando la gangrena. El pecado privado pudre el Alma igual.

9.- «Ya me confesaré más adelante.»
El Infierno está empedrado de buenas intenciones para el «mañana». Tienes firmada tu póliza de vida con la Muerte, se ve, porque das por hecho que vas a despertar mañana.

10.- «Rezo cuando tengo tiempo.»
Es decir: Dios se queda con las migajas que ensucian la mesa después de que hartaste a tu carne. Qué generosidad la tuya ofrecerle al Rey de Reyes lo que te sobra.

11.- «Dios no necesita que vaya a la iglesia.»
Claro que no. Él no necesita nada. El que se está ahogando en la porquería del mundo eres tú, pero te da demasiado orgullo aceptar la medicina del altar.

12.- «No tengo tiempo para rezar el Rosario.»
Pero sí tuviste dos horas para deslizar el dedo por la pantalla viéndole la vida a desconocidos. Tu problema no es la agenda, es el desorden de tu amor.

13.- «No hace falta ser tan estricto.»
Curioso que para el dinero, el gimnasio o el trabajo busques la excelencia, pero para no achicharrarte en la eternidad te baste con rozar el aprobado raspado.

14.- «Soy católico, pero no me gusta hablar del pecado.»
Tampoco al enfermo de cáncer le gusta hablar del tumor, pero ignorarlo solo garantiza que el ataúd se cierre más rápido.

15.- «Yo no soy como esos católicos extremistas.»
El Fariseo del Evangelio decía exactamente lo mismo frente al Publicano. Sigue mirándote en el espejo equivocado y verás qué sorpresa te llevas en el Juicio Particular.

16.- «Ya fui bautizado.»
El Bautismo te armó caballero para la batalla, no te dio una hamaca para tumbarte a tomar el sol mientras los enemigos asedian la fortaleza.

17.- «Mis padres eran muy devotos.»
La fe no se transmite por ADN. La salvación de tu madre no va a pagar las deudas de tu alma vendida al mundo.

18.- «Cuando tenga otras posibilidades y los problemas actuales hayan pasado me entregaré a Dios.»
¿Le vas a ofrecer a la Majestad Divina el cadáver arrugado de una vida que le regalaste al mundo, a la carne y al Demonio? Qué insulto tan refinado.

19.- «Dios quiere que sea feliz.»
Dios quiere que seas Santo. La felicidad hedonista que buscas es el cebo con el que el Enemigo pesca a los bobos.

20.- «Al menos no soy tan malo como otros.»
La vara de medir no es el delincuente del telediario. La vara es la Cruz. Y al lado de la Cruz, tu autocomplacencia da vergüenza ajena.

LA HORA DE DEJAR LAS MEDIAS TINTAS

A la hora de la verdad, el católico de cumplimiento y fachada no necesita renegar de la Iglesia. Le basta con anestesiarse. Relega a Cristo al último cajón de la casa, debajo de las facturas viejas, los compromisos sociales y las horas de pantalla. Y se convence de que cumple porque en Navidad pone un Belén.

El Apocalipsis es brutalmente directo y no deja espacio para la diplomacia: «Ojalá fueras frío o caliente. Pero porque eres tibio, estoy a punto de vomitarte de mi boca.»

A Dios no le sirven los soldados que piden permiso al enemigo antes de disparar. Llevar una cruz de plata colgada al cuello es bisutería barata. La pregunta que debería quitarte el sueño esta noche no es si eres «buena gente», sino esta:

Si mañana fuera el Juicio y se presentara la historia de tu última semana como única prueba, ¿habría evidencia suficiente para condenarte por ser verdaderamente cristiano, o te absolverían por falta de pruebas?

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