Es probable que tu hijo sepa cuánto lo quieres y que estás disponible cuando te necesita. Pero, ¿se lo has dicho con claridad? ¿Con qué frecuencia lo haces? ¿En qué momentos? A veces, las fricciones propias de la adolescencia hacen que el afecto y la cercanía queden relegados a un segundo plano.






