Si un cura en el nombre y el uso fraudulento del «no juzgar» te dice que está perfecto el pecado que estás cometiendo sin corregirte con el debido respeto, no es un padre espiritual, es un compañero de juerga.
Es una inclusión para la condenación eterna.
Un ciego que guía a otro ciego, ambos caerán al precipicio.






