Una de las cartas mas leída de la historia

Escrito por Jorge Sotomayor

06/23/2026

Sección: Lo que se cuenta

La carta que San Agustín le escribió a su madre Santa Mónica sigue siendo una de las más leídas de la historia

Existe una extendida confusión histórica que nos hace buscar en el género epistolar el clímax de la relación entre los dos grandes santos de Hipona. La realidad es mucho más profunda y conmovedora: San Agustín no inmortalizó el alma de su madre en una carta manuscrita, sino en las páginas imperecederas de sus «Confesiones», el monumento literario y espiritual más leído de la cristiandad.

En el libro noveno de esta obra cumbre, Agustín abre su corazón para describir el vínculo sobrenatural que los unía, coronado por el famoso Éxtasis de Ostia. Sentados junto a una ventana que daba a un jardín, pocos días antes de que Mónica enfermara, madre e hijo compartieron una conversación mística que los elevó más allá de las cosas materiales, tocando por un instante la Sabiduría eterna.

Las lágrimas de Mónica durante décadas no fueron en vano. Ella no recibió cartas de consuelo, sino que vio con sus propios ojos la respuesta radical de Dios a sus oraciones: la conversión total de su hijo rebelde, que pasó de las tinieblas del maniqueísmo a la luz de la verdad católica. «Hijo, por lo que a mí toca, ya nada me deleita en esta vida», le dijo Mónica en Ostia, sabiendo que su misión en la tierra estaba cumplida.

Como nos recuerda con frecuencia el Papa León XIV, el testimonio de Santa Mónica y San Agustín es el reflejo perfecto de la comunión de los santos y de la eficacia de la oración perseverante. No hay alma, por más perdida que parezca, que pueda resistir al asedio del amor materno unido a la gracia divina.

El relato de la muerte de Mónica y el dolor contenido de Agustín siguen conmoviendo a generaciones. No fue una correspondencia privada lo que quedó para la posteridad, sino la declaración pública de un hijo agradecido que reconoció que, antes de nacer a la vida de la gracia por el bautismo, fue engendrado por las lágrimas y la fe inquebrantable de su madre.

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