«Hijo mío, ¿por qué te agitas cuando caes? Te asustas de tus debilidades porque has olvidado que eres de barro. La impaciencia contigo mismo después de una falta no es amor a la virtud, sino amor propio herido.
Si eres capaz de perdonar al hermano que tropieza, ¿por qué te niegas a ti mismo esa misma caridad? Ser paciente con uno mismo significa levantarse con humildad, sacudirse el polvo y decirle al Señor: ‘Ya ves, Padre, esto es lo que soy capaz de hacer por mi cuenta, por eso necesito tanto de Ti’. No te desanimes por ser imperfecto; mejor alégrate de tener un Dios que es infinitamente misericordioso. La santidad no consiste en no caer nunca, sino en tener la paciencia de volver a empezar cada vez que sea necesario.»
Casares Osvaldo Ariel






