Cada vez que reaccionas con rabia, alguien más está al volante de tu cerebro.
No importa cuán inteligente seas, cuán fuerte o cuán despierto, si te arrastran con un insulto, no eres libre. Eres una marioneta biológica.
Cuando pierdes el control porque alguien te provoca, tu cerebro detecta una amenaza. La información viaja directo a tu, Corteza Prefrontal desconectando la zona de la lógica y la razón. Luego tus próximos movimientos no son pensando sino reaccionando con un instinto de supervivencia.
El que te enfada no necesita tener contacto físico. Le basta con tocar un «botón» neural que tú no has aprendido a desactivar. Y tú, creyendo que respondes con fuerza, solo demuestras que en ese momento no te perteneces.
Aprender a respirar en esos momentos, evitará que caigas en su juego y mira a Dios para encontrar la paz verdadera.






