Solo el que carga el saco sabe lo que pesa.
Nadie puede juzgarte desde la distancia,
ni señalar con el dedo limpio
las manchas que tú llevas en el alma.
Porque las heridas que sangran en silencio
no hacen ruido para los que pasan de largo.
Y el cansancio que te dobla la espalda
no se ve en las fotos,
ni en las sonrisas que finges a tiempo.
Te dirán que exageras,
que hay otros con más peso,
que deberías agradecer…
pero nadie ha caminado con tus zapatos,
ni ha dormido con tus pensamientos,
ni ha cargado ese saco que arrastras cada día
lleno de miedos, ausencias, renuncias y nombres
que ya no están.
El mundo opina con facilidad,
se atreve a recetar alegría como si fuera jarabe,
como si el dolor fuera un lujo,
como si el alma no tuviera huesos que crujen.
Pero tú sabes…
sabes lo que pesa cada lágrima no llorada,
cada palabra que tragaste por no romper la paz,
cada renuncia que hiciste para no herir.
Sólo tú sabes
cuánto te cuesta levantarte cuando todo dentro de ti
grita por quedarse abajo.
Y aun así, lo haces.
Y eso, aunque no lo aplaudan,
te hace grande.
Así que no te avergüences de tu cansancio,
ni de las pausas que necesitas,
ni de la forma en que sobrevives.
No estás obligado a explicar tu carga
a quienes sólo la miran desde lejos.
Porque al final,
solo el que carga el saco
sabe lo que pesa.
Y con eso basta.
Con eso… es suficiente.
Autor: Guillermo Soto Ramirez ©






