El Papa Francisco toca puntos álgidos en su Evangelii Gaudium que llaman la atención al cristiano actual, como el término «globalización de la indiferencia»
El mundo creado por Dios está lleno de riquezas y recursos naturales. Por eso es inexplicable que existan tantos millones de seres humanos en la pobreza extrema. Es este un problema que a todos nos debe incumbir, porque son los hermanos más pequeños de los que habla Jesús en el Evangelio. Sin embargo, vivimos en una «globalización de la indiferencia». Pero, ¿de dónde salió este término?
La era de los avances
En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium encontramos que el Papa Francisco encomia los avances de la humanidad, peo no ignora la realidad:
«Son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas» (no. 52).

¿Qué es la globalización de la indiferencia?
Este deseo de destacar y tener ha derivado en un actitud generalizada de desapego y egoísmo, que el difunto Pontífice llama globalización de la indiferencia:
«Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia» (no 54).
Y explica claramente de qué se trata:
«Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera» (no 54).
Por eso, el Papa Francisco pide que se detengan estas injusticias y se recupere el valor de la vida humana:
«Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad» (no. 53).
Comencemos a ponerle fin a la globalización de la indiferencia preocupándonos por nuestros hermanos que necesitan de nuestra ayuda.
Fuente: ALETEIA





