Los monaguillos son los pequeños servidores del altar, aprendiendo desde jóvenes a acercarse a Jesús en la Santa Misa. Cada gesto, cada oración y cada cuidado que tienen al acompañar al sacerdote es una semilla que Dios puede usar para despertar una vocación al sacerdocio.
Recemos con fervor para que el Espíritu Santo toque sus corazones y los guíe hacia la entrega total a Cristo.
Que en su servicio cotidiano, aunque humilde, descubran el llamado divino y se atrevan a responder con generosidad.
Que las familias y la Iglesia los apoyen en este camino y que nunca falten ejemplos de sacerdotes santos que inspiren su entrega al Señor.






