«No todas las opiniones son respetables»: alerta José Antonio Marina sobre la crisis actual

Escrito por Jorge Sotomayor

04/21/2026

Julio Borges Junyent entrevista al filósofo Jose Antonio Marina.

 

 

En esta serie de entrevistas que venimos publicando en Religión en Libertad —conversaciones destinadas a pensar la crisis de la democracia, el deterioro del lenguaje público y el lugar de la ética en sociedades fatigadas— hay autores que cumplen una tarea especialmente valiosa: traducir complejidad sin traicionarla.

Nuestro entrevistado pertenece a esa estirpe: José Antonio Marina Torres (Toledo, 1939) es uno de los grandes filósofos y pedagogos españoles de las últimas décadas: un pensador con vocación pública, capaz de traducir para el gran público cuestiones complejas sin perder rigor

Formado en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, fue catedrático en el instituto madrileño de La Cabrera y es Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia

En esa trayectoria destacan títulos como Elogio y refutación del ingenio (Anagrama, 1992), Teoría de la inteligencia creadora (Anagrama, 1993) y Ética para náufragos (Anagrama, 1996), donde explora la creatividad, la vida moral y la orientación del ser humano en tiempos de incertidumbre. 

Ese hilo desemboca en un libro decisivo para comprender su pensamiento político: La lucha por la dignidad: Teoría de la felicidad política (Anagrama, 2000), escrito con María de la Válgoma, donde propone la dignidad como una conquista histórica y un proyecto civilizatorio. 

De modo recientemente, en Biografía de la humanidad: Historia de la evolución de las culturas (Ariel, 2018), coescrito con Javier Rambaud, ofrece una mirada panorámica sobre cómo las culturas han ido inventando soluciones para sostener la vida común.

En esta conversación nos concentramos en algunos de sus temas centrales: su lectura de la dignidad como conquista moderna y como “proyecto” más que como evidencia; la crisis contemporánea de la verdad (y el debilitamiento del pensamiento crítico); la urgencia de distinguir entre gobernantes y gobernados en una época que trivializa la política; y, finalmente, la filosofía como disciplina viva, no un lujo académico, sino una ciencia pública de soluciones.

Lo que sigue es una entrevista que se transforma en una clase magistral —y también, en un diagnóstico crudo y duro— sobre lo que está en juego cuando se debilita la dignidad, se corrompe el lenguaje y se vuelve frágil la democracia.

José Antonio Marina y Julio Borges Junyent

José Antonio Marina y Julio Borges JunyentJulio Borges

La dignidad: ¿punto de partida o proyecto?

– Profesor gracias por su tiempo. Quisiera comenzar por su libro La lucha por la dignidad, que me marcó como estudiante. Usted propone una lectura de ese “largo camino” como un proceso en el que se va valorando lo humano. ¿Cómo entiende hoy la dignidad? ¿Para muchos (donde me incluyo a rajatabla), es punto de partida, sin embargo, para usted es un proyecto histórico que se construye?

– Yo escribí ese libro porque me parecía que la dignidad se utilizaba con enorme frivolidad, como si fuera algo evidente. Pero el concepto de dignidad no es un concepto científico: no viene de las ciencias naturales. Un biólogo te diría: el hombre aprende más rápido, toma decisiones… pero dar el salto a “esto significa que tiene valor intrínseco” no es científico.

Además, afirmar que el ser humano, solo por ser humano, pertenece a una categoría especial con independencia de lo que haga, es algo muy moderno. A un griego le resultaría ofensivo. Para ellos la dignidad estaba vinculada al mérito.

Entonces: ¿por qué nosotros, a partir de la modernidad y sobre todo con Kant, llegamos a esta afirmación que nos parece evidente? “El ser humano tiene dignidad” significa: “tiene valor propio con independencia de lo que haga”. ¿De dónde sale esa idea contraintuitiva?

Cito un caso en el prólogo: en la guerra de Sierra Leona, unos guerrilleros cortaban manos. Una niña de trece años, que acababa de aprender a leer y escribir, le pide al guerrillero que le corte la mano izquierda para poder seguir escribiendo. El guerrillero le corta las dos manos. En la edición de bolsillo pusimos su foto en portada. ¿Por qué vamos a decir que ese ser humano (el guerrillero) tiene dignidad? ¿De dónde nos sacamos esa idea?

Ahí aparece la clave: cuando decimos “todos los seres humanos tienen dignidad”, no estamos enunciando un hecho natural. Es más bien una expresión performativa: “qué bueno sería que admitiéramos esto y nos comportáramos como si fuera verdad”. Es una naturaleza de segundo nivel: inventada por el hombre. Con eso montamos una ética especial. Pero es frágil, depende de un acto de voluntad. Queremos considerarnos como dotados de dignidad para construir una vida distinta.

Por eso digo: la dignidad no es una realidad “natural”, es un proyecto y como todo proyecto, podría abandonarse.

 

 


Fuente: RELIGIÓN EN LIBERTAD

 

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