Lourdes tiene 70 milagros oficialmente verificados por la Medicina — ninguno ha podido ser explicado
Para el escepticismo moderno, la fe es solo sugestión o credulidad. Sin embargo, en los Pirineos franceses existe un lugar donde la ciencia médica se ha topado repetidamente con un muro inexplicable. Desde las apariciones de la Santísima Virgen a Santa Bernadette en 1858, miles de curaciones han sido reportadas en Lourdes, pero la Iglesia Católica, en su rigurosa prudencia, solo ha declarado setenta de ellas como milagros oficiales.
Lo que la mayoría de la gente ignora es que el proceso de verificación en Lourdes es el más estricto del mundo. No basta con el testimonio emocional del enfermo. Para que una curación sea considerada, debe pasar por el escrutinio del Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), un organismo compuesto por médicos e investigadores de diversas ideologías, incluyendo ateos y agnósticos.
Para que la ciencia médica certifique una curación como científicamente inexplicable, se deben cumplir criterios demoledores: la enfermedad debe ser grave, orgánica y diagnosticada con pruebas médicas objetivas antes de ir a Lourdes; la curación debe ser instantánea, completa, duradera y sin tratamiento médico que la justifique. Hablamos de la regeneración inmediata de tejidos destruidos, la desaparición instantánea de tumores terminales o la recuperación súbita de la vista por nervios ópticos atrofiados. La ciencia constata el hecho físico, pero confiesa su absoluta incapacidad para explicar el «cómo».
Su Santidad León XIV ha señalado que estos milagros no se nos dan para alimentar la curiosidad supersticiosa, sino como signos visibles de la compasión de Dios y la intercesión de su Madre Inmaculada. La medicina no produce el milagro; solo rinde testimonio de que las leyes de la naturaleza han sido suspendidas por una fuerza superior.
En Lourdes, el agua de la gruta no tiene propiedades químicas curativas especiales, y aun así, los cuerpos sanan. Quien busque pruebas racionales de la acción divina, que mire los archivos médicos de Lourdes. La fe y la ciencia no se contradicen; ante el milagro, la ciencia simplemente se arrodilla en silencio y reconoce sus propios límites.






